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martes, 4 de mayo de 2010

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sueña

Soñar que Despierto

© 2003 Roberto Hoyos

Big Brother

Soñar se ha vuelto una sensación cáustica. No hay peor despertar como el rencuentro con la realidad. Demasiado universo para una mente tan pequeña. A pesar de lo que digan Freud y todos sus apologistas; soñar no representa escape alguno: es la antesala de la desilusión. ¿Quién no ha sentido la infamia de cargar con una existencia dolorosamente normal? ¿Por qué no borrar, si pudiéramos, esa angustiante necesidad?

Soñamos para reparar nuestra de por sí tambaleante psique. Soñamos por la desconocida razón de soñar, y despertamos, amarga realidad, con una enorme sensación de vacío. Soñar es una puerta por la cual escapamos; posterga la crudeza del desencuentro con la fantasía; evade, no resuelve; es una sensación de alivio exigua pero no despreciable. Soñar se vuelve entonces como una droga, que nos espera noche a noche, para llevarnos entre los brazos del dolor y el placer. Nunca para aferrarnos a la realidad, ni ofrecer consuelo. Soñar es una aberración.

Entre lo que somos y lo que aspiramos a ser hay tal desproporción como entre lo que somos y no queremos ser. Semejante disparidad existe para lo que deseamos y lo que se nos es dado obtener. De tal forma que, como dijo Quevedo: "lo mucho se vuelve poco con tan sólo desear un poco más". Y el ser humano vive eternamente frustrado. Así que vivimos, para solventar este estado al que dan por llamar vida, no entre niveles de conciencia, sino entre niveles de inconsciencia, donde cada nivel es más abstracto cuanto más potente es el 'remedio' que lo provoca. Pesadilla por contraposición a sueño. Sueño por contraposición a realidad. Realidad es igual a pesadilla. Así que si queremos contestarle a Nietzsche: el hombre no soporta demasiada dosis de verdad.

Curiosamente son los sueños y los deseos parte fundamental del motor del hombre. Imaginemos a un ser todopoderoso, pero que carezca de la cualidad de soñar. ¿En qué destinará su poder? ¿Cómo sabrá para qué usarlo? Sin sueños no hay poder, porque no hay metas ni objetivos ni propósito. Sin sueños cada sucesión de días representa un interminable 'stand-by', una monótona cadencia de eventos. Entre la contemplativa delicia de la indolencia y la inalcanzable aspiración del sueño se antoja mejor la alegoría del caballo que sigue a la zanahoria tomada con una ramita. Me permito un alto para una reflexión: puede no ser tan fútil la existencia de los sueños.

Soñar puede ser también el barril sin fondo de nuestros alambicados caprichos, que guardamos celosamente para acometer por las noches con la complicidad de la almohada. Robar un momento de la realidad y darle el efecto de la omnipotencia (o impotencia) que el sueño ofrece. La visita al mundo detrás del espejo, que magnifica nuestras virtudes y minimiza nuestros defectos. Es como tener el protagónico de una película sin guión ni concierto. Soñar se está volviendo interesante.

¿Qué me dices de las grandes revelaciones que suceden en los sueños? ¿Del difícil arte de interpretar su significado? Despreciables. Pero no para nuestra ardiente fantasía. En un mundo sin reglas (o con reglas más flexibles que con las que tenemos que lidiar diariamente) es fácil el cultivo de lo extraordinario. No hay justificación ni se requieren pruebas, tan sólo un poco de credulidad y bastante de imaginación. No hay cruda intelectual, simplemente flujo, un flotar por el río. Ahora entiendo por qué nos seduce tanto. Soñar se está volviendo más deseable.

A lo mejor porque soñar se antoja tan exclusivo es que lo rechazamos con igual vigor con que lo adoramos. Será que no podemos sino buscar consuelo dentro de nuestra lógica que realidad corona la travesía hacia Morfeo, y soñar, por más pálida que sea la luz que ofrece no brillaría con tal intensidad de no ser por la absorbente obscuridad de nuestro mundo real. Así que sueño que despierto, para conjurar a los demonios que me atormentan por las noches. Prefiero ser un insomne, un atormentado y lúcido constructor de realidades. Porque de todos modos esto es un sueño, sin garantía de dormir; más bien de despertar.

incuentran la cabeza!!!

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